Los instrumentos: utilizados. Un carnavalito,
una chaya, o cualquier otra pieza folklórica,
se formó y musicalizó con instrumentos muy
específicos. No se cree, ni se sabe a través
de las investigaciones realizadas por muchos estudiosos,
que los kollas hayan utilizado toda una serie de
instrumentos modernos (sic), los cuales, se vuelve a insistir,
pueden sonar muy lindo, pero al desvirtuarse el sentido
primigenio, no es folklore. Y, aunque pese a alguien, el
sentimiento que despierta una chaya que suena con
una simple caja en la puna, no suena igual que la misma
tocada con artefactos eléctricos, saxos, clarinetes
y batería.
No se puede negar la belleza de una chaya o una copla
norteña con sólo una simple caja, o de un
cielito surero, con guitarra. Y eso sería
folklórico, si reuniera todas las condiciones.
Pero: agregarle un saxo a una chaya, no sólo
es de mal gusto musical, sino que es un atentado a la ciencia
y a la cultura, porque en definitiva es el pueblo el
que cree que eso está bien, si no se le
enseña previamente, qué es folklore, salvo
claro está, que crea que es sólo moda o costumbres
de viejos.
Es bello escuchar, todavía ahora, en esos pueblos perdidos de nuestra rica y exquisita geografía argentina, que no están inficionados por modernismos, a los paisanos cantar y tocar sus canciones con instrumentos nativos.
Unicamente de esta forma, al escuchar un erke, violín de una cuerda, una flauta de hueso, una quena, un siku, un tambor de agua, un bombo legüero, un kultrun, una flauta de pan, una tarka, una anata, un erke, etc., instrumentos que permiten expresarse a sus ejecutantes con sus sonidos particularísimos, se puede entender medianamente, qué quisieron dar a entender por sus autores ignotos. Cuál era el sentir del pueblo. Qué quería decir y qué expresaba ese ignoto hombre (sus alegrías, penas, rigores, sentimientos religiosos, etc.)
Los instrumentos no siempre eran producto de la casualidad; estaban fabricados en función de los medios para resaltar lo que se quería demostrar, decir, manifestar, etc.
Si se dio la incorporación y el uso ya tradicional de guitarras y violines, de pianos y acordeones, simplemente fue porque se aceptaron desde hace muchísimo tiempo como costumbre -desde la colonia - y en algunos casos para reemplazar a otros, como el acordeón, lo cual pasó a ser tradicional, pero aún hoy, no se ponen de acuerdo los estudiosos si se pueden considerar instrumentos folklóricos. O sea: ¡Todavía no se han puesto de acuerdo si a la guitarra de origen árabe-español se la puede considerar instrumento folklórico!.
Sólo basta imaginarse que, si todavía no hay acuerdo científico sobre esto último, qué se puede pensar sobre la batería eléctrica, la guitarra eléctrica, el charango eléctrico japonés (?). ¿Si suena lindo? Puede ser. Es agradable escuchar un ritmo de chacarera bien hecho con una instrumentación de este tipo: pero, es sólo eso: un ritmo (soportable en algunos casos) y no es folklore. Y, sobre gustos no hay nada escrito, pero el mismo está sujeto muy ligado a la educación y a la cultura. Es un rasgo del espíritu que quiere reflejar fielmente y valorar la ciencia y el arte, y no porque me lo dicen los medios de comunicación, salvo que sea un estudioso o experto del tema, cuestión que no se observa mucho últimamente, y si alguno aparece algo pasa, porque no dura mucho o lo borran por aburrido (sic).
Ni qué decir, cuando se toma a una pieza (folklórica o tradicional), y se la deforma con arreglos muy particularizados por sobre la verdadera intención del autor (de mucho uso esta costumbre hoy en día). Es muy feo escuchar la Zamba de Vargas con estilo de vals vienés, o como se escucha mucho últimamente, a un ritmo alocado

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